
Al sur de Perth, en Boddington, todo gira en torno al oro. Y no solo porque se encuentre a 13 kilómetros de la mina de oro más grande de Australia, que también. Sino porque entre animales asesinos y paisajes que cortan el aliento, buena parte de la naturaleza local ha aprendido a vivir en un entorno rico en un metal tan precioso como químicamente inactivo. ¿Qué hace la vida cuando se encuentra con algo así?
Ponerlo a jugar a su favor, claro. O al menos, eso cree un grupo de investigadores del CSIRO australiano que ha encontrado cepas del hongo Fusarium oxysporum que extraen oro de sus alrededores y lo integran a su estructura de tal forma que consiguen propagarse más rápido que otros tipos de hongos menos dado a los lujos áureos.
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