
Durante su paso por las facultades los futuros ingenieros informáticos estudian matemáticas, lógica, fundamentos de física, estadística, sistemas operativos, procesadores de lenguaje, programación… Un extenso y rico currículo en el que a menudo la ética ocupa un lugar secundario, apenas una asignatura a lo largo de un plan de estudios amplio y exigente. Cuando abandonan las aulas y se dedican a la programación gran parte de ellos se encuentran sin embargo con que su labor va más allá de las cifras, objetivas, mesurables y frías. En su día a día se ven obligados a encarar dilemas morales, más peliagudos conforme el software gana espacio en la sociedad y asume funciones sensibles, como la gestión de bancos de datos privados o información estratégica.
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